FINALMNTE, CUAL SERÁ LA SOLUCIÓN DEL PROBLEMA HONDUREÑO
FINALMNTE, CUAL SERÁ LA SOLUCIÓN DEL PROBLEMA HONDUREÑO.
HONDURAS. (Redactado el 5 de Julio del 2009)
Honduras es hoy el centro de atención de múltiples polos.
De una parte, el propio país se debate en una contradicción entre fuerzas políticas, encabezadas por el presidente Celaya, que procedente de la derecha burguesa, inexplicablemente, al final de su período de gobierno hizo un giro a la izquierda, en el mas rancio estilo chaviano, se alió de hecho con la corriente populista predominante en el ALBA y pretendió iniciar un proceso que más temprano que tarde podía ofertarle la posibilidad continuista que ya se ha hecho clásica en ese proyecto y sus contrapartes francamente abrazados a sus concepciones, tradiciones y ambiciones personales que evidentemente presuponen un riesgo costoso para ellos en el proyecto continuista, y sin meditarlo mucho acudieron a la vieja práctica que desde el surgimiento de la América post colonial ha sido pauta común y frecuente para solventar los escollos
Este personaje, por su origen no resulta precisamente de los más confiables en lo que se refiere a ideas de justicia social, que finalmente llevarían al desastre a las fuerzas políticas de las que procede y a las clases sociales a que pertenece Su actitud voluntariosa y prepotente parece una reencarnación burda y poco convincente de imágenes caducas y fracasadas, en los estertores de una agonía vital y política, y de líderes coyunturales que trastrocados en ingenieros sociales tratan de imponer sus juicios, convencidos de la certeza de su rumbo y de las sustanciosas ventajas que les proporciona, en particular la satisfacción de su enorme e insaciable afán de poder
Puede que muchos hondureños confíen, y una vez más como tantas otras en esta América nuestra se cobijen a la sombra de una imagen que promete la solución salomónica de la justicia social, supongo que sin conocimiento del conjunto de ideas brillantemente expresadas por Oscar Arias, en su discurso “Algo hemos hecho mal”. que me parece un compendio de realidades sobre el que todos debíamos meditar.
Siempre nos ha resultado tradicional a los latinoamericanos descargar la culpa de nuestros problemas en los hombros del vecino poderoso y pasar por alto nuestras deficiencias, debilidades e incapacidades. El vecino tiene un enorme catauro de culpas. Negarlo sería tan absurdo como ignorar la porción que nos corresponde.
Creo que el error fatal de los “Antizelayistas”fue el método.
Si en un sistema aparentemente democrático, el poder ejecutivo insiste en violar la constitución y las leyes, con la oposición y condena del poder legislativo y judicial, no cabe duda que más temprano que tarde su hubiera visto en una situación tan compleja que solo le hubiese quedado la alternativa de marcharse o si tenía conque, oponer la fuerza, caso en el cual se pudiera justificar la acción militar...
Tomarlo preso en la madrugada y mandarlo en calzoncillos a otro país, parece cosa de los tiempos de Pancho Villa o de Chapitas en Dominicana.
Por otra parte el inexperto y prepotente alumno chavista subestimó al contrario y no lo creyó capaz de apelar a un procedimiento, que de hecho, les cercenó a ellos mismos la posibilidad de desembarazarse de de este nuevo “Bolivariano” por la vía legal
A mi lo que realmente me maravilla es la unanimidad y la repercusión mediática de la condena, la participación de manera global de las grandes y pequeñas democracias en la condicional de restituir al poder a un evidente violador de los preceptos y principios que sustentan el modelo, en un mundo plagado de violaciones mas graves y antiguas que esta que nos ocupa y a las que no solo se les ignora, sino que incluso se les perdona todas las transgresiones y se convive con ellas como un hecho inevitable y admitido.
Nos escandalizamos de que se produjera un golpe de estado para sacar del poder a un violador de los preceptos legales recogidos en su carta magna, y que aun mediante un procedimiento que no resulta el idóneo, pero aplicando las normas constitucionales, se le sustituya por el escalón establecido en la ley para situaciones de esta naturaleza. El poder no lo tiene un general sino el representante del poder legislativo, sancionado por el poder judicial.
Puedo aceptar la crítica al método, pero convertir la defensa de este personaje y de su derecho a gobernar en consigna impositiva, al menos anímicamente no me parece adecuado. Con todo respeto para los demócratas “recalcitrantes” me parece un disparate.
A Zelaya se le acusa de no acatar un fallo del Poder Judicial que le ordenó no celebrar la consulta. La carta Magna no otorga facultades al Poder ejecutivo para convocar una Constituyente y porque todo proceso de consulta debe ser dirigido por el Tribunal supremo Electoral.
Según esta secuencia de hechos, la acción de la Fuerzas Armadas podría enmarcarse dentro del cumplimiento de una orden judicial.
“La ONU aprobó una resolución por unanimidad en la que condena la remoción del presidente de Honduras.”
Como cuestión de forma parece muy bien.
Me pregunto que diría la ONU si alguien presentara una moción inquiriendo en que elecciones fue elegido Raúl Castro presidente de Cuba
Si se tratara del clásico golpe de estado, bien conocido en la región, creo no tendría desde el primer momento un ejecutivo llegado al cargo a través de lo establecido en la constitución y además un poder legislativo y judicial que siguen ejerciendo sus funciones.
Querámoslo o no, estamos haciendo causa común con las demandas de un proyecto que transita un fatídico camino para sus pueblos.
26/10/09
Este enfoque, concordante en todo o en parte, con diversas opiniones publicadas, ha sido también cuestionado por otros que consideran celosamente que la defensa del modelo resulta prioritaria a otras consecuencias inevitables expresadas en el mismo.
Cuatro meses después la crisis se mantiene estacionaria.
Muchos errores han concurrido en la apreciación y el análisis de este evento, por defensores y detractores de ambas perspectivas.
No reconocer los resultados de unas elecciones programadas por el propio Zelaya durante su mandato, en el marco de todas las reglas de la Democracia, que pueden ser perfectamente controladas por los organismos internacionales y que serían una solución razonable y perfectamente viable del conflicto, a mi modesto juicio. Es uno más.
Pericles


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